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LENTIFICAR
instalación y performance
Cintas y cordones elásticos, cinco vigas 
Sala de Arte CCU
Fotografías: Jorge Brantmayer
Santiago, Chile / de Noviembre 2023 a Enero 2024

La obra performática de Sebastián Mahaluf se trató, en gran medida y por mucho tiempo, de la tensión corporal y material. El estiramiento de las cuerdas de las que penden los cuerpos, literal y metafóricamente en la muestra Desplome (2020), desfallecen sin precipitarse al suelo, aún. Frágiles recipientes de vidrio que contenían residuos viscosos de grasa, la metáfora corporal beuysiana por excelencia y en su mínima expresión material, pesan y estiran hacía abajo sus ataduras hasta la proximidad dura de la loza sin llegar a tocarla. Momento de suspenso que obligó al espectador a ser, por un instante, un performer, es decir, a doblar el cuerpo para poder contemplar el ínfimo espacio entre las frágiles vasijas y el suelo. 

 

Lentificar es una instalación que nos vuelve a mostrar una situación de inminente colapso pero ralentizado en extremo. La lentitud aquí supera por mucho nuestra paciencia de espera como espectadores. Es más lento que cualquier cámara lenta, incluso más lento que cualquier película de Bill Viola. En El Saludo (1995), Viola nos muestra el encuentro de tres mujeres cuya acción, en términos reales, tan solo dura 45 segundos. Viola ralentiza la secuencia estirando su duración a 10 minutos. Lentitud y estiramiento, dos cuestiones que se han convertido prácticamente en el sello discursivo de Bill Viola. Ahora bien, la lentitud en Mahaluf es conceptual, es decir, tenemos que hacer el ejercicio de reflexión e inferir estos conceptos –ejercicio que estamos haciendo ahora-. A pesar de las diferencias entre estas dos “lentificaciones”, ambas obras proponen, de alguna u otra manera, el brevísimo momento previo antes del colapso. Viola ralentiza para ganar tiempo antes del colapso… de la vida. Cuestión bellamente expuesta tiempo atrás en El séptimo sello (1957) de Ingmar Bergman, en que el caballero medieval aplaza su último instante de vida invitando a la muerte, que lo viene a buscar, a una partida de ajedrez. Es decir, distraer a la muerte solo por un momento más porque la partida está perdida de antemano. Eso es lo que se percibe en muchas de las películas a cámara lenta de Viola, ralentizar el último momento para tener algo más de tiempo y así poner mejor atención en la escena del mundo. Si somos seres para la muerte, parafraseando a Heidegger, ralenticemos el tiempo antes que aparezcan los créditos finales de la película, que es lo que nos está diciendo Viola. En cierto modo es trampa. El caballero trampeando a la muerte. Viola trampeando el tiempo para que no se escape ningún detalle del último vistazo al mundo. Mahaluf trampeando el colapso que vendrá inevitablemente lentificando la brevedad en un tiempo incierto pero largo. 

An interesting position we can contrast with the vertiginous speed of Crash (1996) by David Cronenberg, a film based on the book of the same name by British writer J.G. Ballard, published in 1973. What we see in the movie -and the book- is a post futuristic ode to velocity. The characters get in their cars to fully accelerate and find a swift death by crashing their mortuary race cars. They even turn acceleration and eventual death into a spectacle, recreating famous and fatal car crashes, such as the one by James Dean in his Porsche Spyder in 1955. As one can see, we have the two extremes of the same -elastic- cord: a slowness that sems immobility and vertiginous velocity; in the middle of the cord, only real time moves.

 

Postura interesante que podemos contrastar con la velocidad vertiginosa de Crash (1996) de David Cronenberg, película basada en el libro homónimo del escritor inglés J. G. Ballard, publicado en 1973. Lo que vemos en la película –y en el libro- es una oda post futurista a la velocidad. Los personajes se meten en sus autos para acelerar a fondo y encontrar pronto la muerte chocando en sus bólidos de mortificación. Incluso, convierten la aceleración y la eventual muerte en un espectáculo, recreando choques de automóviles famosos y fatales, como el de James Dean en su Porsche Spyder en 1955. Como se ve, tenemos los dos extremos de la misma –elástica- cuerda: la lentitud que parece inmovilidad y la velocidad vertiginosa; en medio de la cuerda, solo se mueve el tiempo real. 

 

Volvamos a Desplome. Con dicha obra sabemos, ahora, del colapso de los cuerpos, recipientes con grasa o jarrones chinos como posibles metáforas, recolectando luego los fragmentos del impacto para reintegrar sus partes. Trabajo de historiador o de arqueólogo. Pero antes de todo eso, Mahaluf nos mostró el momento breve y previo al impacto. Es decir, nos mostró el tiempo estirado, el tiempo relativo o cuántico para la reflexión antes de la desintegración. De alguna manera, lo mismo pasa con Lentificar. En ésta instalación performativa nos encontramos con cuerdas elásticas sobre exigidas por el peso de enormes vigas que, por gravedad, van a estirar hacía abajo y hasta la fatiga las cuerdas que las sostienen. La fatiga del material o soporte, como un arte desvencijado, en este caso, tiene una inquietante relación conceptual con la obra de Matthew Barney. Me refiero a su ya clásico ciclo de video performances Cremaster (1994-2002). Lo que pone en juego Barney es mantener la tensión, más específicamente en el caso de Cremaster, mantener el fluido seminal. Como todos sabemos, cremáster es el nombre del músculo que tiene la función fisiológica de mantener en tensión los testículos para la espermatogénesis. O sea, es el dispositivo biológico para ralentizar el momento anterior a la muerte. Acaso, ¿no son las pesadas vigas que cuelgan de cuerdas elásticas, que suben y bajan por la acción performática, algo así como una metáfora genital? Por supuesto. Pero hay una diferencia. Lentificar no tiene la épica heroica que pretende mantener la tensión más allá de sus propias fuerzas. Eventualmente, lo que viene es el colapso de la extinción, si acaso es posible luego la reunión de sus pedazos. Por eso Mahaluf nos propone, antes de que eso pase, un momento lentificado. Al parecer, necesitamos estirar el tiempo antes de encontrarnos en el momento justo –político, filosófico, existencial- de evitar el colapso o contemplar la destrucción.    

*Extracto del texto "Porcelana China en mil pedazos", Por Juan Francisco Gárate.

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