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ULTIMO / PRIMERO

por Juan Francisco Garate

 

La obra de Sebastián Mahaluf nos brinda la posibilidad de entender el arte siempre en momentos, al menos de dos momentos fundamentales: la acción y su reposo. Momentos de un modo tal que el entendimiento de una obra, que ocurre en un presente, se pueda transgredir, mediante un pensamiento metafísico, como un despliegue más allá de la presencia de la obra de arte ante el espectador. Quiero decir con esto que la obra siempre esta en movimiento, y que el reposo de esta solo es el modo de la captación; es el momento –dicho epistemológicamente-  del entendimiento sobre una cosa y no la cosa como tal. Ahora, la cosa como tal en éste caso no es una mera cosa sino una cosa singular: una obra de arte. Hasta cierto momento histórico la cuestión se podía decidir de manera fácil. El arte tenía un régimen privilegiado en el orden de las cosas. Una obra de arte distaba notablemente de las demás cosas desde su simple configuración material. Sin embargo, luego del ready-made la cuestión del arte y su privilegio de distinción no es tan sencilla. Por supuesto que los objetos en DESDOBLO/DUPLICO están en consecuencia de una lectura de lo contemporáneo en que la obra de arte es indiscernible, es decir, que la percepción no puede captar la singularidad de la obra de arte respecto de las meras cosas; y si son reconocibles como cosas singulares están en la espera de hundirse en la “inmanencia de la percepción” de la hiperproducción cultural de cosas. A éste respecto se han formulado nuevas críticas que acusan la pasividad del (sujeto) espectador, el cual ya tiene un estatuto post-estético: el espectador regardeur (Ives Michaud, El Arte en Estado Gaseoso, 2007), o sea, un espectador super-estético. Esta cuestión es relevante en tanto que la estética lejos de estar “suspendida” –como es de suponer con el ready-made duchampiano- para liberar los juicios sobre obras de arte fuera del formalismo, a terminado por encontrar algo así como una “actitud estética” a priori (¿no será acaso el museo de arte (post)moderno el leit motiv del mall?).  

 

Esta cuestión nos pone en el viejo problema ontológico de la obra de arte. Al parecer el arte hoy se ha puesto difícil de discernir en cuanto forma parte de una ilimitada producción de objetos que son percibidos como…objetos, o sea, objetos sin privilegios respecto de otros objetos. ¿Por qué digo esto? Simplemente para constatar el hecho de que el arte hoy es una producción de cosas post-filosóficas. Es como si el arte ya no necesitara de la tensa “especularidad” entre arte y filosofía. A pesar de ello, hay una lectura de interés. Me refiero a las condiciones del “estilo” en términos de la historia del arte (Arthur Danto, Tres Cajas Brillo, en Estética Después del Fin del Arte, 2005)  para inferir no tan sólo el ejercicio amplio de determinar una obra de arte respecto de los demás objetos, sino, y más específicamente, una obra de arte respecto de otras obras de arte con los mismos dispositivos, por ejemplo.

 

DESDOBLO/DUPLICO es una obra que remedia la pobreza que suponen las obras de arte post-filosóficas y/o super-estéticas de hoy. En la sala de exposiciones nos encontramos con objetos: una red de elásticos enrollada apoyada sobre un muro; una maqueta hecha de cubos de acrílicos como alusión topográfica puesta en medio del piso de la galería; un zapato de cuentas rojo sobre una caja de dispositivos eléctricos; una pequeña pantalla de plasma en el fondo de la galería en el que aparece un autorretrato del artista en diferentes ángulos en movimiento circular. Todos los elementos, son objetos eventuales de la obra de Mahaluf, al modo de “residuos” (la red elástica enrollada); y objetos performáticos: uno como “sustituto” momentáneo (la superficie rígida que supone la maqueta de cubos de acrílico por la red elástica –ahora- residual), y el otro como “extensión” objetual performática (el zapato de cuentas rojo ausente en el anterior inventario de objetos y vestimenta performática de Mahaluf). Es decir, todos objetos performáticos. Cuestión que se confirma en el instructivo de lectura que constituye el autorretrato en el muro del fondo de la galería. En cualquier instante en que nos relacionemos con el autorretrato nos damos cuenta en seguida de que es una secuencia que se repite hasta llegar al punto en el que empezamos a presenciar la pantalla. Nos damos cuenta de ello solo al final de todo el recorrido, una vez que suponemos de la instalación como una puesta en escena de objetos. Lo que hay realmente en juego es la performatividad de los objetos en situación de reposo. En otras palabras, de un momento de inflexión en el movimiento de la obra. Lo que vemos no es sino que el modo en que los objetos se nos escapan del congelamiento conceptual de cosas. He ahí la importancia del manual de instrucciones que supone el autorretrato, como el elemento nuevo objetual, pero al mismo tiempo, como la cuestión filosófica que ha estado operando desde siempre en la obra de Sebastián Mahaluf, para poner en juego la discernibilidad del espectador con las obras de arte.