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VILO: EL PESO DEL FRAGMENTO
Performance
Cintas elásticas, Fragmentos de cerámica, 60 voluntarios
Locación: Fundación VETA, Santiago, Chile
Fotografias: Kate Peralta

20 de Agosto, 2026

La obra nace de un estruendo: el quiebre de la tradición. No es solo greda rota; es la desarticulación de una memoria contenida en la vasija. Este proyecto se sumerge en las vísceras de la arcilla para proponer una reconstrucción que no busca la forma original, sino la creación de un nuevo relieve, una topografía nacida del residuo.

A través de un ejercicio de reordenamiento meticuloso, cada escombro y cada partícula de polvo se reintegran para formar un paisaje suspendido. Es una cita táctil a "Suspensión Mágica", pero desplazada hacia la vulnerabilidad de la tierra. Aquí, el fragmento deja de ser pérdida para convertirse en cimiento, transformando la noción de residuo en una narrativa de resiliencia pura.

En el corazón de la sala, la tierra no descansa sobre el suelo, sino sobre el aire y el músculo. Veinte cuerpos, entrelazados por la rigidez de los listones de madera, se convierten en el pedestal vivo de este paisaje. Es un acto de sacrificio y supervivencia colectiva: una comunidad sosteniendo su propia historia fragmentada.

El espectador es invitado a habitar la periferia de este equilibrio precario, a rodear una estructura que es, simultáneamente, fortaleza y amenaza. La obra habita el tiempo de la resistencia, consciente de su propio final.

Esta topografía no pretende la eternidad. La obra reconoce la finitud de la carne y el agotamiento del espíritu. En el momento en que los cuerpos cedan —porque todo cuerpo colapsa—, el plano escultórico se entregará de nuevo a la gravedad.

El paisaje volverá a ser escombro, residuo y silencio; la memoria volverá a ser polvo. En ese acto de ruptura final, el ciclo de la vida se completa, recordándonos que toda reconstrucción es solo un breve intervalo. La pieza dialoga con la tensión entre el esfuerzo humano y la entropía material, convirtiendo el espacio de exhibición en un templo de fragilidad compartida. Esta caída no es un fracaso, sino el cierre de un ciclo tectónico: el regreso de la forma al caos primordial, donde la resistencia cede ante la inevitable gravedad de la existencia.

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