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DESPLOME
Instalación

Velo rojo / Cordones de seda / Recipientes de vidrio / Aceite

Cámaras: Josefina Bardi / Eduardo Quitral /

Sebastian Mahaluf

Galería Patricia Ready / Santiago / Chile

Marzo-Abril 2020

La obra Desplome (2020), aunque se enmarca dentro de la crítica paradójica del rol artista/espectador constante en los trabajos de galería de Sebastián Mahaluf, nos muestra, no obstante, algo nuevo. En ella vemos el drama quizás superado del cuerpo, sin la presencia activa o performática del artista. Desplome es una instalación que a través de la integración de nuevos materiales, cuyas características elementales redundan la idea de fragilidad. El artista ha dispuesto de un gran paño traslúcido de color rojo al modo de una red hecha de finos hilos en trama, que se despliega en los cuatro extremos de la sala principal de la galería. La gran trama pende desde el techo de la sala sujeta por finos cordones, quedando relativamente a la altura de los ojos de los espectadores. Pero además, se integran otros materiales nuevos. Colgando en diferentes puntos de la gran y frágil trama, encontramos aproximadamente 300 pequeños recipientes de vidrio con un contenido viscoso. Cuelgan quedando a pocos centímetros del suelo. Los espectadores deambulan con cuidado teniendo que inclinarse para recorrer la obra y pasar entre los diferentes puntos del espacio que marcan los recipientes, que tensan hacía abajo la gran y frágil trama con el peso del contenido viscoso. De hecho, el espectador tiene que inclinarse todavía más si quieren escrutar el contenido de los frasquitos. Dándose (1946-66) de Marcel Duchamp, es una obra que condiciona al espectador a inclinarse para mirar por la mirilla de una puerta y poder observar así la obra en cuestión. La modificación de la corporalidad del espectador condicionada por la obra es precisamente uno de los momentos críticos de la historia del espectador. Allan Kaprow por su parte pone en juego la pasividad del espectador en Yard (1961), convirtiendo la obra material, un montón de neumáticos viejos de automóviles desperdigados por el piso, en la superficie irregular por donde los espectadores tienen que pasar, con serias dificultades, convirtiéndose en performers mientras pasan de un extremo a otro de un patio. Mahaluf siguiendo ese derrotero, propone una obra que cambia la actitud pasiva del espectador. De hecho, en un primer momento, los espectadores interactuamos con la gran trama tendida en la galería que roza nuestras cabezas en el recorrido de la obra.  Además, está la dificultad de sortear los pequeños recipientes que penden de la trama por todas partes. Solo en la medida que el espectador sale de su pasividad tiene la chance de escrutar la obra, y tiene que hacerlo, en este caso, inclinándose. En ese segundo momento de la obra, adquieren suma importancia los recipientes que están casi a ras de piso.

*Extracto del texto "Del Arte social a la antología del Arte" por Juan Francisco Garate